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Lo siguiente es de la primera novela de Alejandro Zambra Bonsái. Zambra es la autora galardonada de las novelas Poeta chileno, Modos de volver a casa, La vida privada de los árbolesasí como otras dos obras de ficción: Opción multiple y Mis documentos. Sus cuentos han sido publicados en The New Yorker, The New York Times Magazine, The Paris Review, Granta, y Revista de Harper. Nacido en Santiago de Chile, Zambra vive en la Ciudad de México.

El primer novio de Emilia —o “pololo”, como dicen los chilenos— era un torpe, pero había algo de auténtico en su torpeza. Cometió muchos errores y casi siempre supo reconocerlos y corregirlos, pero algunos errores son imposibles de corregir, y el torpe, el primero de Emilia, cometió uno o dos de estos errores imperdonables. No vale la pena meterse en lo que fueron.

Los dos tenían quince años cuando empezaron a salir, pero cuando Emilia cumplió dieciséis y diecisiete el torpe novio se quedó en quince. Y así sucesivamente: Emilia cumplió dieciocho y diecinueve y veinticuatro, y él se quedó quince; ella cumplió veintisiete, veintiocho, y él todavía tenía quince, justo hasta que Emilia cumplió los treinta. Emilia no celebró más cumpleaños después de los treinta, no porque empezara a mentir sobre su edad, sino porque a los pocos días de cumplir los treinta ya no envejecía más, porque a partir de entonces estaba muerta.

*

El segundo novio de Emilia era demasiado blanco. Con él descubrió el senderismo, los paseos en bicicleta, el jogging y el yogur. Era en particular una época de abundante yogur, y esto, para Emilia, era importante, porque recién salía de una época de abundante pisco, de largas y enrevesadas noches de pisco con Coca-Cola y pisco con limón y hasta de pisco solo. , puro, sin hielo. Tonteaban mucho pero nunca llegaban al final, porque él era muy blanco y eso hacía que Emilia desconfiara de él, aunque ella misma era muy blanca, casi completamente blanca, aunque con el pelo corto, muy negro, es verdad.

El tercer tipo era realmente un imbécil. Desde el principio supo que la relación estaba condenada al fracaso, pero aun así duró un año y medio, y él fue su primera pareja sexual, su “primer hombre”, cuando ella tenía dieciocho años y él veintidós.

Entre el tercero y el cuarto hubo varios escarceos de una sola vez motivados en gran medida por el aburrimiento.

El cuarto fue Julio.

*

De acuerdo con una antigua tradición familiar, la iniciación sexual de Julio fue subcontratada, por el precio de diez mil pesos, a Isidora, “prima Isidora”, quien por supuesto no se llamaba Isidora ni era prima de Julio. Todos los hombres de la familia habían acudido a Isidora, una mujer todavía joven, de caderas milagrosas y cierta propensión al romanticismo, que accedió a atenderlos aunque ya no era una prostituta, ni una verdadera: estos días —y ella Siempre encontraba la manera de aclarar esto: trabajaba como secretaria de un abogado.

Julio conoció a la prima Isidora cuando tenía quince años, y la siguió conociendo en los años siguientes, como regalo en ocasiones especiales, cuando él era lo suficientemente insistente, o cuando la crueldad de su padre decaía y daba paso a la inevitable etapa del arrepentimiento paterno. , y luego al período de culpa paterna, cuyo síntoma más feliz fue la generosidad financiera. Ni que decir tiene que Julio era proclive a enamorarse de Isidora, se preocupaba por ella, y ella, fugazmente tierna con el niño librero que vestía todo de negro, lo trataba mejor que a sus otros patrones, lo mimaba; en cierto modo, ella lo educó.

No fue hasta que cumplió veinte años que Julio comenzó a acercarse a mujeres de su edad con intenciones socio-sexuales; Su éxito fue limitado, pero suficiente para que decidiera dejar a Isidora. Dejarla, por supuesto, como se deja de fumar o de apostar en las carreras de caballos. No fue fácil, pero desde algunos meses antes de esa segunda noche con Emilia, Julio se consideraba libre de vicios.

Esa segunda noche, pues, Emilia compitió con una sola rival, aunque Julio nunca los comparó, en parte porque no había comparación posible y también porque Emilia pasó a ser, oficialmente, el único amor de su vida, e Isidora sólo una anterior. , fuente agradable de diversión y sufrimiento. Cuando Julio se enamoró de Emilia, toda la diversión y todo el sufrimiento que vino antes de la diversión y el sufrimiento que le trajo Emilia se convirtieron en meras imitaciones de la verdadera diversión y el verdadero sufrimiento.

*

La primera mentira que Julio le dijo a Emilia fue que había leído a Marcel Proust. No solía mentir sobre sus lecturas, pero esa segunda noche, cuando ambos sabían que estaban comenzando algo, y que por mucho que durara, ese algo iba a ser importante—esa noche, Julio profundizó su voz, fingiendo intimidad, y dijo que sí, que había leído a Proust cuando tenía diecisiete años, durante un verano en Quintero. Para ese entonces nadie de su familia veraneaba en Quintero, ni siquiera los padres de Julio, quienes se habían conocido en la playa El Durazno, iban alguna vez a Quintero, un lindo pueblo de playa que según ellos ya no era lo que era, ahora que había sido invadido por las masas. De todos modos, dijo Julio, a los diecisiete años se había apoderado de la casa de verano de sus abuelos para poder encerrarse y leer. En busca del tiempo perdido. Era mentira, por supuesto: él tenido ido a Quintero ese verano, y él tenido Leía mucho, pero había leído a Jack Kerouac, Heinrich Böll, Vladimir Nabokov, Truman Capote y Enrique Lihn, no a Marcel Proust.

Esa misma noche, Emilia le mintió a Julio por primera vez, y la mentira fue, también, que había leído a Marcel Proust. Al principio ella simplemente estuvo de acuerdo: yo también leo a Proust. Pero luego hubo una pausa larga y preñada, que no era un silencio incómodo sino expectante, por lo que Emilia tuvo que completar la historia: lo leí hace poco, apenas el año pasado, me tomó como cinco meses, estaba realmente ocupado, como sabes, con las clases. Pero decidí leer los siete volúmenes y esos fueron verdaderamente los meses más importantes de mi vida como lector.

Usó esa expresión: mi vida como lectora, dijo que esos habían sido, sin duda, los meses más importantes de su vida como lectora.

*

En la historia de Emilia y Julio, en todo caso, hay más omisiones que mentiras, y menos omisiones que verdades, verdades de esas que se dicen absolutas y tienden a incomodar. A lo largo de su tiempo juntos, que no fue largo pero sí suficiente, se confiaron sus deseos y aspiraciones menos públicas, sus sentimientos desmesurados, sus breves y exageradas historias de vida. Julio le confesó a Emilia cosas que solo su psicóloga debería saber y Emilia, a su vez, convirtió a Julio en una especie de cómplice retroactivo de cada una de las decisiones que había tomado a lo largo de su vida. La vez, por ejemplo, a los catorce años, en que había decidido odiar a su madre: Julio la escuchaba atentamente y opinaba que sí, Emilia de catorce años había tomado una buena decisión, no había sido posible otra decisión, él habría hecho lo mismo y, ciertamente, si hubieran estado juntos en ese entonces, cuando tenían catorce años, definitivamente la habría apoyado.

La de Emilia y Julio fue una relación plagada de verdades, de revelaciones personales que construyeron rápidamente una complicidad que se esforzaron por ver inexpugnable. Este es, entonces, un cuento ligero que se vuelve pesado. Esta es la historia de dos estudiantes entusiastas de la verdad, aficionados a desplegar palabras que parecen verdad, a fumarse interminables cigarrillos, y a encerrarse en la violenta complacencia de quien se cree mejor y más puro que los demás, que ese inmenso y detestable grupo llamado todos los demás.

Rápidamente aprendieron a leer de la misma manera, a pensar de manera similar y a ocultar sus diferencias. Muy pronto formaron un vano mundo privado. Por un tiempo, al menos, Julio y Emilia lograron fundirse en una sola entidad. Eran, en definitiva, felices. No puede haber ninguna duda al respecto.

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De Bonsái de Alejandro Zambra, publicado por Penguin Books, una editorial de Penguin Publishing Group, una división de Penguin Random House, LLC. Copyright (c) 2006 por Alejandro Zambra. Traductor Copyright (C) 2022 por Megan McDowell.

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